SOSTENIBILIDAD EN LA MINERÍA
Por: Luis Carlos Moreno Chaparro - Ingeniero Eléctrico
En Colombia, el realismo mágico es la síntesis que puede definir
nuestra historia. Es más, nuestra historia parece el mejor libreto que alguien
no ha escrito, pero que tendría mucho éxito en las plataformas de streaming.
Uno de los muchos capítulos se concentraría principalmente en lo acontecido el
mes pasado y tendría el siguiente nombre: ¿Qué vale más: la vida y el agua o
la minería? Un cuestionamiento aparentemente sin ninguna relevancia, pero al
analizarlo, tiene un trasfondo interesante.
El sector minero en Colombia se ejerce principalmente en los
departamentos de: Antioquia, Boyacá, Casanare, Cesar, Cundinamarca, Chocó,
Guajira, Caldas y Nariño; en total 9.602 títulos mineros vigentes según la
Agencia Nacional de Minería (ANM). Estos datos que son oficiales, distan de la
realidad, debido a la existencia de la minería ilegal que se ha mantenido y
seguirá reproduciéndose debido al marco legal débil y permisivo de nuestro
país, que con sus ambigüedades y vacíos, no ha logrado la efectividad que se
requiere. No está de más decir que la minería aporta cerca del 1,2% del PIB
nacional, lo que se traduce en más de 4.300 millones de dólares.
Y así se llegó al paro en Boyacá, como un instrumento para
visibilizar ante el gobierno las inconformidades del sector minero. Pero,
¿cuáles son las consignas reales? ¿Qué se buscaba realmente? Los propietarios de los títulos mineros dicen
verse afectados por las medidas de este gobierno, asegurando una persecución
contra el ejercicio de esta labor, por supuesto, se muestran las pérdidas
económicas y demás efectos que aparentemente solo este gobierno ha
ocasionado. Realmente son testimonios que no dejaron de impactar, no por los
discursos llenos de dramatismo y tristeza, sino porque hay mucha tergiversación
de un relato que ha sido ajustado con propósitos específicos. Se presentaron reclamos de los trabajadores que
constantemente viven con la amenaza de perder su empleo, sentir la reducción de
sus salarios e incluso perder derechos laborales porque el gobierno ha dañado
la minería de este país. Un punto importante a señalar es que un análisis
económico del sector permite identificar que la reducción de exportaciones de
minerales como el carbón por ejemplo, no solamente ha sido debido a políticas,
sino también a: conflicto armado, competencia internacional (países que
presentan mayores reservas y menores costos de producción), transición
energética de acuerdo con los objetivos de sostenibilidad y el cambio de la
demanda del mineral. Mientras los consensos se enfocan en una sola de las
problemáticas, debería realizarse una discusión que permita abarcar todo
integralmente.
La historia del país se escribe con lápiz y relatando todo con
sátira en las páginas de un libro que nadie lee, para que se reescriba cuantas veces
sea necesario para los fines que se requiera. Desde el desprestigio de un
gobierno hasta conseguir los votos para elegir a otro. Al final una foto de los
voceros y representantes sonriendo, extendiendo abrazos y las consignas que un
papel soporta pero la realidad no.
Si bien es cierto que existen minas que realizan los procesos de
extracción, tratamiento y preparación, cumpliendo con estándares de seguridad y
calidad, la mayoría de minas no lo hacen así. En la actualidad hay minas que
realizan sus procesos de una manera rudimentaria y deplorable. Y es que este es
un punto que debería considerarse relevante en los reclamos, pero no dirigidos
al gobierno de turno, sino a los propietarios de los títulos mineros. Basta con
indagar un poco para conocer la realidad de muchos trabajadores: extenuantes
horarios de trabajo, malos salarios, equipos y elementos de seguridad defectuosos
e infraestructura deficiente. Esta labor de la que dependen miles de personas,
presenta un riesgo de mortalidad absurdamente alto, los accidentes son
recurrentes y los muertos se cuentan por cientos anualmente. Esa es una arenga
que fue notoria por su silencio. ¿Por qué los mineros no tienen condiciones
adecuadas para ejercer su trabajo? ¿Pesa más el dinero que la vida?
En la balanza todo se inclina a escenarios desconcertantes, porque
en algunos casos, los propietarios amasan fortunas y poder, los jefes
encargados construyen riqueza haciendo destreza de sus capacidades como
negociantes, lo que llaman de una manera equivocada “malicia indígena”
(vendiendo mineral y negociando con explosivos bajo cuerda), mientras que los
operarios ganan para sobrevivir y exponen constantemente su vida en una labor
poco agradecida, a tal punto, que si en el ejercicio de su trabajo pierden la
vida, llegan a las familias con un ramo de flores y un pésame en el mejor de
los casos, mientras se prepara el próximo funeral.
La transición energética no es una novedad y tampoco es un invento
de este gobierno. La humanidad está en constante evolución y eso hace que se genere
desarrollo. Es por eso que la tecnología, analizado por ejemplo en los últimos
dos siglos, ha tenido un crecimiento exponencial, y seguirá avanzando porque es
algo natural. La evolución implica adaptación, y la adaptación implica muchas
veces transitar a un eslabón superior, esa teoría de la evolución descrita por
Darwin es replicable en otros escenarios, por tanto, la minería y los sectores
económicos deben transitar a las necesidades actuales, por ejemplo, hace dos
siglos el motor de la industria fue el carbón, el de ahora es el coltán.
Minería y sostenibilidad no es comúnmente una relación congruente,
parecen más bien los polos opuestos de un debate. Por un lado está el
desarrollo tradicional, es decir, aplicar y replicar las mismas técnicas y
tecnologías para obtener un producto, es utilizar la misma ecuación confiable,
porque ya se conoce el resultado. Por el otro lado es obtener el mismo producto
pero teniendo la noción que el proceso genera impactos y que más allá del producto,
se pueden generar mecanismos para mitigar los impactos asociados. En otros
términos, se puede analizar todo de una manera lineal o analizar todo desde una
perspectiva más amplia. No es tan descabellado encontrar un punto intermedio y
hacer lo que parece imposible, desarrollar minería de una manera sostenible,
que no es otra cosa que extraer los minerales encontrando un punto de
equilibrio entre utilidades, impactos ambientales y desarrollo social,
generando un ahorro de agua y energía en los procesos y generando beneficios en
las comunidades.
Ejemplos hay muchos, en Europa países como Suecia han impulsado el
modelo CLIMB (Conservación, Legislación, Innovación, Mitigación y Beneficio) como un enfoque a la minería sostenible, donde se busca responder
a los desafíos específicos que la minería representa para la biodiversidad y el
medio ambiente, en un esfuerzo por impulsar la transición hacia una economía
más circular y sostenible. España por su lado se une al desarrollo sostenible
en su minería, priorizando una gestión eficiente y sostenible del consumo de
agua dotando a sus operaciones de las mejores técnicas disponibles para su
tratamiento, lo que les permite operar con plenas garantías de protección
ambiental e incrementar la recirculación del agua minimizando el consumo
procedente de fuentes externas. De igual manera incorporan metodologías para el
cálculo de la huella ambiental (de carbono e hídrica) y la conservación y
protección de la biodiversidad y los ecosistemas, así como la mejora de la
gestión actual de los residuos industriales.
En América Latina se presentan iniciativas de algunas empresas,
que ven el desarrollo sostenible de su actividad como un valor agregado para su
modelo de negocio. En este lado del mundo, que nos incluye, el tema es un poco
más complejo para su implementación por los siguientes desafíos:
Financiamiento para el desarrollo de proyectos mineros con impactos técnicos, ambientales y sociales.
- Fortalecimiento de la cooperación entre los países para compartir metodologías, tecnologías y buenas prácticas para el desarrollo de minería.
- Fortalecimiento institucional para crear un marco jurídico orientado a las necesidades del sector minero, protegiendo a las empresas de la minería ilegal.
- Creación de alianzas entre los sectores público y privado que incentiven y garanticen el desarrollo de minería sostenible y puedan tener beneficios compartidos.
Más allá de lo anterior, lo que se requiere es crear escenarios
para que las empresas dedicadas a este sector, sientan que esta transición es
necesaria para los requerimientos del mercado actual, que no es una imposición política
o acciones que perjudiquen su actividad. Que el personal es el mejor activo que
pueden tener en sus compañías y otorgar unas condiciones laborales y salariales
adecuadas, es una manera de mejorar el sector. Que en la actualidad existen
diferentes fuentes de energía renovable que pueden adaptarse a las necesidades del
sector y que, en estas amplias áreas que ya fueron explotadas, pueden
implementarse sistemas de generación de energía (solar, eólico, hidrógeno) para
generar energía en lugares sin un aparaten valor desde el punto de vista
minero. Que el agua utilizada para las actividades y cadena de producción en la
minería no debería ser potable, porque puede utilizarse agua residual tratada y
reducir la huella hídrica en los procesos. Que se puede compensar los daños
ambientales implementando mecanismos menos invasivos y protegiendo la biodiversidad
y, finalmente que las comunidades locales pueden ser un factor importante en
todo el proceso, no solo empleándolos, sino creando una cultura y formación que
les permita especializarse en diferentes áreas para que a futuro contribuyan a
mejorar cada vez los procesos.
Quizás es un norte ambicioso, pero todo empieza así, identificando
un norte. En 50 años debería recordarse a esta sociedad como la que impulsó
desde todos los sectores, el desarrollo sostenible que la humanidad necesitó
para continuar. Que el futuro que deseamos lo empecemos a crear desde ahora,
para que la humanidad tenga un mejor porvenir.
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